lunes, 18 de enero de 2010

A MIGUEL HERNÁNDEZ

Umbrío por la pena, casi bruno,
del dolor eres hijo y de la muerte,
de la noche del toro ya humillado,
vencido y siempre eterno, inexorable.

Tus grandes ojos hieren de la historia
la sombra que viviste entre cuchillos.
Tu campesina voz y tu alegría
murieron por la pena sepultadas.

Te has quedado solo, sin tu sombra,
sin tus huesos, tu boca, tu mirada,
sin victoria, sin cárcel, con poetas.

El barro te ha ganado, pero vives
en un eco sin muerte y en un viento
que viene por la tierra enamorado.

2 comentarios:

  1. Preciosos poemas, gracias por recordarlos.
    Un abrazo

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  2. Maravillosas letras las que conforman estos versos en poema.
    Un abrazo
    Francisco J. Gil

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