viernes, 31 de mayo de 2019

PAISAJE EN UNA BOTELLA




Aquí  cabe un mundo.
Este barco  que un artífice armó con sumo esmero y navega al infinito,
estas montañas de arena de irisados colores,
estas palabras ocultas que romperán su envoltura para volverse viento…
Este paisaje rodando entre mis manos,
este paisaje es un mundo tras el cristal,
un mundo de cristal para tus ojos.
Aunque nunca lo veas, aunque naufrague,
se oculte en el fondo abisal de la esperanza,
procure forma de ánfora en el íntimo mar donde descansa el tiempo
o inunde de luz los ojos oceánicos de peces de sombra.
Es nuestro universo. Para ti lo creé. Por ti lo lancé a las procelosas aguas
que bañan nuestras costas tan distantes y cercanas
como los sueños compartidos legados  por intrépidos
marinos y ancestrales indígenas que mezclaron lunas y sangres.
Aquí cabe un mundo. En esta botella cabe un universo,
galaxias diminutas, arenas de todos los desiertos, palabras olvidadas
que convocaron imperios, unieron territorios y unificaron labios.
Estas calladas voces, este paisaje íntimo, esta memoria antigua,
aunarán nuestros mundos nuevamente.
Para ti hermano de agua, hermano de lengua,
de sangre y saliva, de pugna y besos,
milenios, siglos, instantes,
este dolor mío, este amor tan inmenso,
este paisaje único, imaginado o fundado,
navega  -Victoria recreada-, circunvala el Planeta
para llegar a tus manos, para llegar a tus ojos
que son también mis ojos, que son también mis manos,
mi vida consumada tras marear el orbe,
nao, arena, vocablos guarecidos en el cristal de la esperanza,
en el paisaje inmenso que nuestras voces circundan,
que pintan día a día esfuerzos vinculados
al tiempo que nos dieron y al que vamos creando.
Aquí , hermano de agua, de palabras hermano,
aquí nos cabe un mundo



3er Premio XIII Premio “Orola de Vivencias Facer Españas”, Madrid, 2019.

Más información: orola


domingo, 26 de mayo de 2019

TAL SI FUERAN ARROYOS




1

Tal si fueran arroyos de montaña
rápidos brincan versos, de tan breves
casi eternos.



2

Qué triste mi corazón calle arriba,
calle abajo del olvido.
Qué triste va mi corazón tan triste.



3               

Ya la noche vencida se retira,
sus pertrechos de sueños o de copas
se olvidan o se rompen con el alba.



4

Bienaventurado tú, desmemoriado,
feliz ya sin olvido posible.
Vivo presente sin gris
recuerdo que te posea.



5

La belleza no está sólo en las cosas,
en su interior secreto y en la cara,
en los ojos también con que se miran,
también en las palabras que las nombran.



6

Si rayas el azogue
de los espejos
dejarás al cristal
sin sus recuerdos.



7

En la tarde deshojada
qué trágico es el olvido
ahora que lo que no veo
pesa más que lo que miro.



8

Como el roble con sus soles quemados
se desnuda y se acuesta
en lo hondo del monte
también el amor oculta las cenizas
de un rescoldo otoñal.



9

Hay que ser poeta y morir en el intento
de crear el poema más hermoso y cumplido
aunque nunca entendamos quien nos dicta los versos.



10

Yo tuve un sueño y un río.
El sueño no se ha cumplido.
El río ya no es el mismo.



11

Mi corazón, caracola
de este mar bajo y salado,
mi corazón apagado,
¿quién se lo pondrá al oído?       



12

Encima de las cuartillas
y debajo de las camas
brinda el polvo sus laureles
y oculta rostros, palabras.



13

Volveremos a ser
lo que fuimos siempre:
laberinto sin salida,
territorio de ausencias,
polvo de olvido.      



14

Beberé agua de mar
hasta que mis labios
sean montañas
mínimas de sal.          



15

Como negro café
la vida
se bebe a veces
de un solo trago amargo.
A sorbos
en el mejor de los casos.



16

La rosa dice
lo que la boca no sabe, alcanza o calla.
Es el gesto, la mirada
de amor que renueva el mundo.



17

El poema que soñamos
o el otro que a la memoria
confiamos
se perdieron, se olvidaron.
En la aurora canta el gallo
y no lo oímos.



18

El olvido
para mí,
la cicuta.
Yo persigo
la orfandad
del poema
cuando escribo.



19

Deja que caiga en el cesto
de las tardes sucias el día.
Mañana lo lavará el alba,
lo centrifugará el viento,
el sol lo secará para ponértelo.



20

El toro de la tarde,
negro zaino de tiempo,
tiene sangre cuajada
en su luna de hueso.



21

De mayor seré cadáver.
A una isla desierta soledad
llevaría. Salvara, como Cocteau,
de un incendio el fuego.



22

Ahí hay dolor,
sobre las sábanas confusas,
¡ay!, del amor.



23

Que sencillo es quererte.
Que difícil a veces
decirte que te quiero.



24

De dolor retorcidas
paren las cepas
mundos redondos,
sueños de tiempo



25

Que no se calle el viento,
que se nos lleve
la palabra
lejos del labio.



26

De barro y paja
levantaremos la casa,
adobe a adobe,
lágrima a lágrima.



27

Y bajarán las lágrimas
torrenteras del rostro.
Tal si fueran arroyos remansándose en ríos.


Accésit
 20º PREMIO DE POESÍA "MEMORIAL JOSÉ LÓPEZ GARCÍA"
BARCELONA, 2019




domingo, 28 de octubre de 2018

UN HOMBRE CON UN NOMBRE IGUAL AL TUYO

Tienen nombre las calles que el recuerdo transita. Nombres de sol y abril y el aroma dulzón de barro y golondrinas, nombres de carámbano y nieve en los aleros, de leche en polvo y cuadernos con una escritura rubia donde dormita un mundo de grafito y de tinta, de vasares vacíos y aquel libro de poemas que ahora acaso comprendemos.
Tienen nombre las calles en la tenue penumbra de rescoldo y de gas, de brasero y candil entre el brillo fantasma del latón y la alpaca, de los pasos sin luna y rezos en latín.
Tienen nombre las calles, de insignes personajes, de lugares dormidos en recónditos mapas, de  magnos sucedidos y cosas cotidianas, nombres que van cambiando como el agua en el río y el tiempo en el espejo.
Son nombres convocados en páginas gloriosas de enciclopedia antigua que abre la memoria con olor a tomillo y pinar encendido.
Tienen nombre las calles, los vientos y los muertos. Tienen nombre y silencio, soledad y
 penumbra.      
Tienen nombres ocultos en la piedra del rezo y las tumbas de olvido.
Tiene nombre el recuerdo en la noche callada, en el frío de enero y el mayo enarbolado, en la lluvia que trae rumor de siempreviva -melancolía, un patio de Sevilla, Leonor, Segovia y una tumba en Colliure.-
El camaleón del viento tiene nombres, colores de espesa saliva y un látigo de arena.
De donde nace el viento nacen también los nombres y aunque la boca calle la brisa los
recuerda con aliento de menta y perfume de sal.
Los nombres que decimos ya no serán los mismos cuando otros labios, otra voluntad los fije al viento de la tarde, a la eternidad efímera de una cuartilla en blanco, a la luz mortecina de una farola insomne.

Sólo hay polvo. Lo sabes. Sólo polvo y olvido. Y el río en estiaje.
Las casas arrumbadas, las calles ya sin pasos, antesala de muerte si no la muerte misma.
Recuerdas ahora acaso los libros que perdiste al mudarte de piel, al ir de un lado a otro
reptando tus miserias, aquel quedarte ciego a la luz de una vela leyendo junto al fuego mientras despeja el hielo los cielos estrellados y canta entre los dientes el agua del arroyo.
Recuerdas los amigos, los miedos y los sueños, el pañuelo, la maya, otro polvo en la piel y el viento que pasaba secándote el sudor del juego y de la tarde.
Recuerdas primaveras, el campo salpicado de estrellas amarillas, blancas, rojas, azules, el aroma del verde y el rumor de los pinos.
Recuerdas ahora el río crecido en el otoño, henchido como un vientre preñado de tormentas, la tierra fecundada y orujo en los lagares.
Recuerdas las canciones, los romances de ciego, el canto de los grillos, la noche boca arriba, el olor de la parva, del pan y del tomillo, la sequedad del hielo, la levedad del vuelo del vencejo en la tarde.
Recuerdas la campana repicando en la fiesta, doblando por los muertos, la colada en el río y escuelas separadas, los primeros trabajos, los primeros cigarros en las tardes de mus y  madrugadas de alcohol y besos nunca dados.
Recuerdas porque quieres poner tu vida en limpio y buscas los diarios que nunca terminabas, las cartas que perdiste, los versos que encendieron el fuego del invierno.
Pero sólo encuentras polvo, polvo y yerba en los caminos y en la vía sin trenes.

Tienen nombres las calles que el recuerdo transita.                     
Deshace el sol la niebla y el viento acarrea la memoria del polvo.
Niños que no conoces superponen sus juegos a los juegos de entonces.
Hay otro pueblo ahora creciendo  junto al Duero.
La vida con sus muertos es vida para otros y observa desde el fondo de tus ojos tu rostro un hombre con un nombre igual al tuyo.       



Con este poema he obtenido el IX Certamen de Poesía  Ángel García López. Rota 26 de octubre de 2018





Aquí la reseña de Rota al día

lunes, 22 de octubre de 2018

LOS NOMBRES DEL AGUA





Tiene nombres el agua que atesora y proclama
y ella misma susurra con sinuosos labios
al pasar lentamente bajo los olmos sabios,
guardianes de la lluvia, del viento y de la llama.

Son nombres que nos dicen de la sed y su historia
a la vera del aire como un alto remanso;
primigenios, prístinos, convidan al descanso
sobre la verde hierba de mojada memoria.

Tiene nombres el agua tonantes y sonoros
que rompen en las rocas o caen en cascada
para recordar serenos remansando la nada
lacustres sentimientos y llantos incoloros.

Tiene nombres que mojan mansamente cual lluvia
el corazón tan verde de los pueblos del norte
o arremeten con furia en infernal cohorte
de sílabas mojadas que la vida derrubia.

Tiene nombres inmensos, esdrújulos, pacíficos,
pequeños como arroyos, minúsculos, agudos,
tiene nombres vetustos, señoriales y rudos,
amorosos, fabriles, rurales y científicos.

Nombres de andar por casa, curiosos, deslumbrantes,
para todos los gustos, en todos los idiomas.
Aparecen de pronto en secanos, redomas,
en cartas y recuerdos, cercanos o distantes.

Topónimos varados al lado de un camino
que cruza sobre el cauce urgente o relajado
y dejan en los ojos el instante grabado
de un olvido tenaz, premioso, repentino.

Rincones que conocen los lugareños fieles
ocultos entre el polvo de veredas y años:
meandros y lagunas donde abrevan rebaños
revelan un linaje acuoso de corceles.

Emergen en los mapas como besos someros,
concreciones de tinta del fondo del olvido,
para dejar constancia de algún mundo perdido
donde alguien nominó mares, ríos, veneros.

Invitan a beber, a ver pasar la vida,
a fluir con Heráclito, con Manrique marchar,
el hombre siempre al polvo y el agua siempre al mar.
Y el rio, como el tiempo, de su orilla se olvida.

Tiene nombres el agua que domina la Tierra
diversos y escindidos como el verbo que pone
en los labios la duda por que el hombre cuestione
su existencia, el amor, y la paz, y la guerra.

Tiene nombres el agua, tienen nombre las cosas,
el dolor tiene nombres y las tumbas calladas.
Tienen nombre los vientos, las mujeres amadas.
Y el poema que llueve nombrando nebulosas.



Poema con el que participé en el Primer encuentro de poetas de Catalunya, organizado por el Semillero Azul, con el apoyo del Ayuntamiento de Sant Joan Despí, 20/10/2018



viernes, 27 de julio de 2018

MEMORIAL DE DERROTAS


MEMORIAL DE DERROTAS   

A veces, mientras los árboles del atardecer
se despojan de luces y de sueños, me da por pensar
en todo lo perdido, en  lo que nunca ganamos,
en  esta ausencia o sombra que nos nace sin razón o motivo
y portamos como atávico legado en las manos desnudas.
Venimos del territorio común del desencanto,
derrotados en batallas anteriores a la guerra
emitida a diario en trincheras amarillas,
batallas que perdimos antes de esta lucha encarnizada
que mantienen cada noche los perros con la luna.
De la oscura tronera de la nada venimos,
del vientre blanco de casas encaladas,
el adobe dormido en la siesta de agosto
y el espejo desnudo del agua dura de enero
quebrado por los pies de tantos muertos.
Nacemos conquistados, celebramos días rojos
con la sangre reseca de todos los vencidos,
los días señalados en el sudor de los calendarios,
las fiestas nacionales de los tristes,
la imposible victoria del sueño contra el alba.
Venimos de derrotas antiguas y olvidadas,
ocultas por el polvo que cubre los vestigios
de estatuas suntuosas, asoladas, vencidas
y camufla ciudades que un día florecieron
para marchitarse luego en el oscuro olvido
que propician el tiempo, la sal y las cenizas.
Venimos de derrotas cercanas que aún nos duelen
como duelen los muertos sin nombre reclamando
su lugar en la tierra, un fosa, una lápida
que recuerde su muerte, la última pirueta
al impactar la bala asesina o perdida
inundando de rosas el aire y los pulmones.
Pasean banderas sometidas su sed de patria
cuando celebra el pueblo sus derrotas
y la semilla del óxido tergiversa razones,
pasa el viento cubriendo los fracasos
y relega a rincones hojarasca de olvidos.
Venimos del territorio común del desencanto,
celebramos derrotas para sentirnos vivos
y vestimos de luz olvidados pendones.
El tiempo nos somete al polvo y la desidia
y clarea el sol una mañana incierta,
el día elaborado a base de mentiras.
Somos parias del engaño, derrotados sin lucha,
vagamente conscientes de contiendas perdidas
y vamos subsistiendo sin armas ni adalides,
mendigando la sombra de robles centenarios
y estrellas que no alumbran en la noche cerrada.
Y vamos a la muerte sin honor y sin sangre.
Afrontamos la verdadera derrota de la vida
con sangrante ironía, con esperanza estéril:

También los vencedores saben que perderán la última batalla.



Primer premio en el
III Concurso Internacional Litteratura de  Poesía, Barcelona, 2018

sábado, 9 de junio de 2018

PENTADRAMA MEDITERRÁNEO


I

                                                      Cerca del mar
 porque  yo nací en el Mediterráneo
JOAN MANUEL SERRAT

Y frente a ti de nuevo, mar tan mío,
cielo antiguo de ánforas y de dioses,
tachonado de islas, velas, adioses
como nubes blancas de azul y frío,

llevo mi amor al fondo como un río
y dejo en tus arenas las pisadas,
breves sueños de eternidad, borradas
por espumas de sol y escalofrío.

Navego por tu tiempo cual navío
que siente en su velamen la caricia
de tus dedos de viento y de codicia
meciendo blandamente su extravío.

Dentro de ti me entierro, en ti me embriago
cuando en calma estival te finges lago.




II

            Cada día salen al mar desconocido cientos de personas
                                           huyendo del hambre y de la guerra.
    Muchas, incluso niños, encuentran en él la muerte.

Es el mar a veces, como la tierra
para el marinero, una tumba extraña,
un espejo de luz que el día empaña,
frágil cristal donde la muerte yerra.

Vienen huyendo, vienen… -¡Como aterra
lo desconocido, la telaraña
del futuro!- Huyen de la guadaña,
del hambre, del dolor y de la guerra.

Y van al dolor, el hambre, la disputa,
y van a la aversión más absoluta
lejos de la ciudad y de los puertos.

Sólo anhelan comer la ajada fruta
a este lado del mar donde los huertos
se alejan de la arena y de los muertos.




III

Y miramos el mar, cual si sintiéramos
que un oscuro naufragio nos convoca,
LEOPOLDO DE LUIS

Y te acercas, ¡oh mar!, a la ensenada, 
con tus ojos de perro azul sumiso,
dejando en las arenas impreciso
vestigio de una luna enajenada.

Y llegas, juguetón, de madrugada
con sueños de inundado paraíso
 cual si nunca tus olas, de  improviso,
hubieran roto un barco o una mirada.

Y me muestras apenas en tu seno,
mercancías sin puerto de destino,
 un fulgor transparente y asesino

que apresa entre sus redes tu alegría,
marineros de arena que algún día
 hallaron en tus aguas su veneno.




IV

                                                A la memoria de Martí Que i Quer.
 (Se lo llevó un mar embravecido mientras pescaba en la cala de Aigua Xelida, Palafrugell, el 28 de febrero de 2016. Tenía 43 años. Su cadáver fue recuperado por una barca de pesca nueve meses después en Tossa de Mar)

Llevó el mar un llanto de mujeres
a tu casa y hurtó tu cuerpo al cielo.
El mar que tanto amabas, brusco, en celo,
te abrazó, sierpe de espuma.
                                               Hay quereres

que matan y negros amaneceres.
La superficie calma como un velo
oculta tormentoso desconsuelo,
mitiga la tragedia que ya eres.

Eres pez y raíl en la mañana,
la sonrisa del sol que se nos fuera
en un atardecer precipitado,

recuerdo que la ausencia no profana,
memoria a quien la nada es compañera
porque el mar codició tu cuerpo amado.


V

                                                   El mar
                                                   que se cierra y se abre
como un libro con páginas de espuma,
LUIS GARCÍA MONTERO

Revestido de plástico y despojos,
camposanto de sueños y quimeras,
rota mentira azul, dime qué esperas,
dímelo, mar, mirándome a los ojos.

Y rómpeme la cara con los rojos
pespuntes de tragedias marineras.
Alíviame hasta el alma con salmueras
y avéntame el amor por tus rastrojos.

Y llévate los versos que te escribo
pues que tú vivirás cuando yo muera,
caballo de la espuma, dios altivo

descendido a la altura de pradera
porque ponga mi pie sobre tu estribo
jinete de la luz más pasajera.


Primer Premio en el
XXVII CERTAMEN DE POESÍA
C.A.L. SEMILLERO AZUL
SAN JOAN DESPÍ, 2018