lunes, 4 de enero de 2010

POEMAS PARA BARCOS DE PAPEL

Fui un niño que en atardeceres castellanos dejaba en las aguas del Duero, río de mi devenir, barquitos de papel. Ahora sé que en el frágil material de aquellos barcos iban impresos estos poemas.

I

Dejando atrás el alto donde anidan
la nieve y la pureza, lento llega,
a pecho descubierto, la voz clara,
en majestad tan llana que conmueve.

Y se agrupan, estáticos, los álamos
en hilera, al sosiego de la tarde,
y los juncos inclinan su figura,
veloz, la golondrina roza el agua.

Maduro llega el río en esta hora
que bajan las estrellas a bañarse.
Cansado va, siguiendo su derrota.

Yo me bajo conmigo hasta sus aguas
y sumerjo mis manos en su torso.
Detenido en la orilla ya me alejo.

II

Como el pino perenne alzo mi copa
para brindar con viento con el cielo.
Como el pino rezumo mil heridas
que van cicatrizando y dejan huella.

Pero el pino afianza sus raíces
en la tierra que sabe suya y bebe,
y cuanto más la bebe más se afirma
su condición estable frente al tiempo.

Yo no tengo raíces que sustenten
la brevedad de círculos concéntricos
en mi tronco trazados con mi sangre.

Y sin embargo bebo, y brindo, y sé
que el hacha que me trunque habrá de darle
eterna dimensión a mi madera.

III

El agua de mi infancia clarioscura
espejea en los charcos sin memoria
borrados por el sol de algún estío
que cuarteó la tierra otrora fértil.

Devine un tiempo en río de aguas rápidas,
corrientes de miradas y murmullos
que dejan en el viento seco un eco
mientras cruzan la tierra detenida.

Mi historia no es más que eso: agua y más agua.
Hay un mar que me espera más allá
de la tierra que yo amo, bebo y surco.

Mi sino es también agua y cuando llueve
me mojo por entero por quitarme
el polvo que los siglos me han impuesto.

Con este poema participo en el segundo Concurso de Poesía de Heptagrama

lunes, 28 de diciembre de 2009

AQUELLAS NAVIDADES

Éramos pobres aún,
pero la Navidad tenía
aquel duro sabor de las almendras,
aquella magia nívea de la harina
sobre el belén de cartón y el musgo fresco
y aquel dulce calor de la familia.

Éramos pobres aún.
Y los años pendían en racimos de las doce
madurando las cosechas del futuro,
en el fulgor dorado de las uvas
un mundo apenas entrevisto
latía bajo el frío ya de enero.

Éramos pobres aún.
Aún los Reyes en la triste ventana de la vida
donde volaban ángeles y estrellas,
campanas y una tímida sonrisa,
dejaban escarchados los zapatos
para jugar, de nuevo, sin juguetes.

Éramos pobres aún aquellas navidades.
Vendrían luego otras más pudientes,
opulentas si quieres, pues tiramos
tantas cosas y casas por ventanas
que seguimos siendo pobres,
opulentamente pobres.

viernes, 25 de diciembre de 2009

NAVIDAD

Diciembre en su desnudez
muestra, heladas, sus entrañas.
Por los senderos del miedo
donde recias botas braman
roja boca de fusiles
la libertad amordaza.
La muerte ronda hospitales,
famélicos cuerpos; danza
macabra de hambre y de frío
bajo la noche ultrajada.
Soledad lava su rostro
con la sangre de sus lágrimas.
Negros caminos sin nieve
persiguiendo su mañana
ángeles desnudos corren
por barriadas aledañas.
Muchachas de muslos vírgenes
San José lleva en las barbas.
Caridad de blancos pechos
tiene la leche cortada.
Niño Amor muere sin tregua
entre muchedumbres gárrulas.
Albos caminos pintados
la hipocresía avanza,
¡qué cascabeles de oro!,
¡qué relucientes espadas!,
¡qué descansado mirar
desde altivas atalayas!
Colman las mesas del mundo
palomas, cisnes, calandrias.
La Tierra siente en su piel
las siete espinas clavadas.
Equidad, fraternos pechos,
tiene la leche enfrentada.
Diciembre en su desnudez
muestra, heladas, sus entrañas.

domingo, 22 de noviembre de 2009

MEMORIA Y OLVIDO

Es un pozo con agua la memoria:
agua vertical donde cada molécula es un pensamiento en sombra
y el recuerdo aflora al quebrar una piedra
la profunda paz concéntrica,
agua donde naufraga un insecto o idea,
donde flota, ajeno a olas, un trozo de madera,
espejo sin azogue de una luna de olvidos,
igual, pero distinta, al agua de los ríos,
herida entraña donde dormitan lluvias
y ocultas algas sueñan auroras y liturgias,
esencia para el hombre –materia que recuerda-
cuando olvidar, dormir, morir, es vivir sobre la tierra.


Y duele recordar lo vivido o soñado
cuando los rostros cambian y cambian los lugares,
y los principios inmutables no son tan inmutables
- hasta las matemáticas mudan su vestido a diario.-
A veces es más dulce vivir sin un pasado.
Duermen en la paz arrinconadas guerras, odios enconados,
porque hay un impulso ancestral que nos obliga
cuando un alba de amor un resquicio ilumina
del alma descarnada, del ser contradictorio,
a olvidar rencores y oscuros episodios,
por vivir, tan sólo por vivir como viven las flores,
por morir, tan sólo por morir como mueren los hombres.

viernes, 25 de septiembre de 2009

OTOÑO

La tarde cenicienta se arrebuja
en papeles y viento.
Babel en movimiento.
En un aspirador vuela la bruja.
Perfilan las aceras
árboles de marchitas calaveras.
Se arraciman los años
en ososos sarmientos errabundos.
En los soles profundos
hay un eco dormido de rebaños

viernes, 18 de septiembre de 2009

ANIVERSARIO

(Casi sin darme cuenta esta mañana he cumplido 53 años)

Yo tenía, mirad de mis dedos el agua,
en las manos un río,
un murmullo ya eterno desde el brico primero,
peces de plata de sol en un salto continuo.
¡Cuántas historias de hojas los álamos viejos
dejaban caer en las aguas y un frío
de muerte pasaba! ¡Cuánto sol, cuánto viento!
¡Cuánta lluvia y mar! ¡Ay, el destino!
Yo tenía, mirad entre mis dedos el polvo,
en las manos un río.

domingo, 16 de agosto de 2009

LAS TARDES TENDIDAS

Suelo tender la tarde desde mi ventana al olvido de los días azules.
Y poner a secar mis poemas mojados.
Y mirar donde el mar es recuerdo en los ojos antiguos del cielo.
Y contemplar como asciende lentamente el humo
que le sobra al fuego de mis dedos.
Y sorber todo el aire que admiten mis pulmones,
todo el aire que expulso para inevitablemente asfixiarme un día.
Suelo sentarme en la estela de barcos que no vuelven.
Y mecerme en la cuerda trenzada por el vuelo de las golondrinas.
Tiendo a recordar lo no vivido y olvidar lo cercano, quizás por anodino.
A soñar que sueño, que todo importa algo, aunque nada importe ya.
A no creer en nada que pueda ser creíble.
A reír inocente como ríen los niños.
A llorar y llorar, llorar sin llanto
porque no laven las lágrimas el dolor que me cubre.
Y suelo escribir, a veces, palabras sin pulmones
que vuelan por el aire, el aire enrarecido
donde naufraga, en las tardes tendidas, el fulgor del ocaso.