Es un pozo con agua la memoria:
agua vertical donde cada molécula es un pensamiento en sombra
y el recuerdo aflora al quebrar una piedra
la profunda paz concéntrica,
agua donde naufraga un insecto o idea,
donde flota, ajeno a olas, un trozo de madera,
espejo sin azogue de una luna de olvidos,
igual, pero distinta, al agua de los ríos,
herida entraña donde dormitan lluvias
y ocultas algas sueñan auroras y liturgias,
esencia para el hombre –materia que recuerda-
cuando olvidar, dormir, morir, es vivir sobre la tierra.
Y duele recordar lo vivido o soñado
cuando los rostros cambian y cambian los lugares,
y los principios inmutables no son tan inmutables
- hasta las matemáticas mudan su vestido a diario.-
A veces es más dulce vivir sin un pasado.
Duermen en la paz arrinconadas guerras, odios enconados,
porque hay un impulso ancestral que nos obliga
cuando un alba de amor un resquicio ilumina
del alma descarnada, del ser contradictorio,
a olvidar rencores y oscuros episodios,
por vivir, tan sólo por vivir como viven las flores,
por morir, tan sólo por morir como mueren los hombres.
domingo, 22 de noviembre de 2009
viernes, 25 de septiembre de 2009
OTOÑO
La tarde cenicienta se arrebuja
en papeles y viento.
Babel en movimiento.
En un aspirador vuela la bruja.
Perfilan las aceras
árboles de marchitas calaveras.
Se arraciman los años
en ososos sarmientos errabundos.
En los soles profundos
hay un eco dormido de rebaños
en papeles y viento.
Babel en movimiento.
En un aspirador vuela la bruja.
Perfilan las aceras
árboles de marchitas calaveras.
Se arraciman los años
en ososos sarmientos errabundos.
En los soles profundos
hay un eco dormido de rebaños
viernes, 18 de septiembre de 2009
ANIVERSARIO
(Casi sin darme cuenta esta mañana he cumplido 53 años)
Yo tenía, mirad de mis dedos el agua,
en las manos un río,
un murmullo ya eterno desde el brico primero,
peces de plata de sol en un salto continuo.
¡Cuántas historias de hojas los álamos viejos
dejaban caer en las aguas y un frío
de muerte pasaba! ¡Cuánto sol, cuánto viento!
¡Cuánta lluvia y mar! ¡Ay, el destino!
Yo tenía, mirad entre mis dedos el polvo,
en las manos un río.
Yo tenía, mirad de mis dedos el agua,
en las manos un río,
un murmullo ya eterno desde el brico primero,
peces de plata de sol en un salto continuo.
¡Cuántas historias de hojas los álamos viejos
dejaban caer en las aguas y un frío
de muerte pasaba! ¡Cuánto sol, cuánto viento!
¡Cuánta lluvia y mar! ¡Ay, el destino!
Yo tenía, mirad entre mis dedos el polvo,
en las manos un río.
domingo, 16 de agosto de 2009
LAS TARDES TENDIDAS
Suelo tender la tarde desde mi ventana al olvido de los días azules.
Y poner a secar mis poemas mojados.
Y mirar donde el mar es recuerdo en los ojos antiguos del cielo.
Y contemplar como asciende lentamente el humo
que le sobra al fuego de mis dedos.
Y sorber todo el aire que admiten mis pulmones,
todo el aire que expulso para inevitablemente asfixiarme un día.
Suelo sentarme en la estela de barcos que no vuelven.
Y mecerme en la cuerda trenzada por el vuelo de las golondrinas.
Tiendo a recordar lo no vivido y olvidar lo cercano, quizás por anodino.
A soñar que sueño, que todo importa algo, aunque nada importe ya.
A no creer en nada que pueda ser creíble.
A reír inocente como ríen los niños.
A llorar y llorar, llorar sin llanto
porque no laven las lágrimas el dolor que me cubre.
Y suelo escribir, a veces, palabras sin pulmones
que vuelan por el aire, el aire enrarecido
donde naufraga, en las tardes tendidas, el fulgor del ocaso.
Y poner a secar mis poemas mojados.
Y mirar donde el mar es recuerdo en los ojos antiguos del cielo.
Y contemplar como asciende lentamente el humo
que le sobra al fuego de mis dedos.
Y sorber todo el aire que admiten mis pulmones,
todo el aire que expulso para inevitablemente asfixiarme un día.
Suelo sentarme en la estela de barcos que no vuelven.
Y mecerme en la cuerda trenzada por el vuelo de las golondrinas.
Tiendo a recordar lo no vivido y olvidar lo cercano, quizás por anodino.
A soñar que sueño, que todo importa algo, aunque nada importe ya.
A no creer en nada que pueda ser creíble.
A reír inocente como ríen los niños.
A llorar y llorar, llorar sin llanto
porque no laven las lágrimas el dolor que me cubre.
Y suelo escribir, a veces, palabras sin pulmones
que vuelan por el aire, el aire enrarecido
donde naufraga, en las tardes tendidas, el fulgor del ocaso.
jueves, 2 de julio de 2009
ÁLAMOS, OLMOS
El viento de primavera
aplauso múltiple arranca
al pasar como una blanca
presencia que os sedujera,
cálido temblor en espera
del destino que os ofrece
desnudez para los fríos.
Álamos, olmos, de ríos,
de parques, de amor, parece
que el aire en vosotros crece.
aplauso múltiple arranca
al pasar como una blanca
presencia que os sedujera,
cálido temblor en espera
del destino que os ofrece
desnudez para los fríos.
Álamos, olmos, de ríos,
de parques, de amor, parece
que el aire en vosotros crece.
viernes, 26 de junio de 2009
TAN SÓLO SOLEDAD
La luna tiene ojos penetrantes, oscuros.
Sondea los volcanes y los pozos sin fondo
que guardan en la Tierra girones de su carne.
Es una diosa antigua impregnada de brea.
La Tierra tiene hogueras que adoran a la luna.
Desde un rincón oscuro los ídolos de arcilla
intentan la salida airosa por el Tiempo.
Pero hay polvo en el viento que rodea al planeta.
Los muertos y los dioses conducen por el cielo
una barca sin río hacia un ignorado norte.
Peregrinos de arcilla colmamos el periplo:
eternidad la noche, perennidad el día.
Pasan las primaveras, los hombres y sus obras
bajo el reloj de sombra, misterioso, sediento,
que conoce el secreto que ignoran los mortales.
pasa tu savia suave tan lejos de mi savia…
El tiempo es una mano de un gigante dormido,
inmóvil contra el cielo de un sueño reposado
o agitada en la cima de un turbulento sueño.
El tiempo es una mano y es un hombro la vida.
Una barca sin río mi existencia conduce.
Es tu amor tan distante un gigante dormido.
Estos versos que escribo son piedra de mi honda.
Barquitos de papel a tu océano lanzo.
Pero no quedan lábios o nidos de los besos,
pero no queda luna o mar de mi naufragio,
pero no queda tierra o lecho sin espuma,
pero no queda arcilla o libro de mi pena…
Tan sólo soledad y un grito que no sale
del corazón tan roto. Tan sólo soledad
y un profundo abismo bajo el cielo de plomo.
La soledad tan sólo para sentirme vivo.
Sondea los volcanes y los pozos sin fondo
que guardan en la Tierra girones de su carne.
Es una diosa antigua impregnada de brea.
La Tierra tiene hogueras que adoran a la luna.
Desde un rincón oscuro los ídolos de arcilla
intentan la salida airosa por el Tiempo.
Pero hay polvo en el viento que rodea al planeta.
Los muertos y los dioses conducen por el cielo
una barca sin río hacia un ignorado norte.
Peregrinos de arcilla colmamos el periplo:
eternidad la noche, perennidad el día.
Pasan las primaveras, los hombres y sus obras
bajo el reloj de sombra, misterioso, sediento,
que conoce el secreto que ignoran los mortales.
pasa tu savia suave tan lejos de mi savia…
El tiempo es una mano de un gigante dormido,
inmóvil contra el cielo de un sueño reposado
o agitada en la cima de un turbulento sueño.
El tiempo es una mano y es un hombro la vida.
Una barca sin río mi existencia conduce.
Es tu amor tan distante un gigante dormido.
Estos versos que escribo son piedra de mi honda.
Barquitos de papel a tu océano lanzo.
Pero no quedan lábios o nidos de los besos,
pero no queda luna o mar de mi naufragio,
pero no queda tierra o lecho sin espuma,
pero no queda arcilla o libro de mi pena…
Tan sólo soledad y un grito que no sale
del corazón tan roto. Tan sólo soledad
y un profundo abismo bajo el cielo de plomo.
La soledad tan sólo para sentirme vivo.
lunes, 1 de junio de 2009
LA SOMBRA DE LA ENCINA
I
Tu sombra para todos
que pasan a tu lado,
aunque te digan árbol
o, sin verte siquiera,
no detengan sus pasos.
II
Porque no llueve y sopla el viento
tienen polvo las encinas.
III
Qué dura para el hacha
y qué bien arde
la leña de la encina.
IV
Bajo las acacias yo.
-Me quiere, no me quiere.
Recuerdo, no recuerdo.
Olvido, olvido siempre.-
Cabe la encina tú.
-Amor. Recuerdo. Nunca olvido.-
V
¡Ah, miradme perdiendo las palabras!
Quisiera ser encina
por no perder nunca la sombra.
VI
Sabor tiene la noche de tu cuerpo
a sueño entretejido –luna, bruma-,
confiada y dormida encina dura,
enorme y detenida bajo el viento.
VII
El mundo está bien hecho. Y la tarde
no se rompe al crepúsculo. Y la vida
es un viento que crece entre tus ramas.
VIII
Sol y sombra. Silencio
para escuchar al viento
que llega por un camino de juncos
levantando gemidos verdes
y se vuelve gris en las copas
de las encinas.
IX
Redonda como un mundo
la sombra.
Densa cual universo
la encina.
X
El anciano arrastra su larga
sombra cargada de años.
La vieja encina abre su inmensa
sombra poblada de años.
XI
Y tienes en tu sombra
heridas de balas,
heridas de amor,
heridas de tiempo…
XII
La aurora ha madurado:
ya es sol de mediodía
posado sobre tus ramas.
XIII
Y es que en los días de invierno
sobre si mismas las tardes
se ovillan, se recogen, buscan el sol
y el corazón de la encina.
XIV
Sombra apenas, encina muerta.
¿Qué queda en el tronco seco,
qué hojas, savia o viento?
Sólo un nido donde espera
sorprender a la muerte tanta vida.
XV
Detrás de cada sombra, cada sueño,
cada mar, cada muerte,
cada labio perdido
hubo sol, vida, amor, la gota inerte
del rocio. Hubo besos. Hubo olvido.
XVI
Me a-
petece
buscar
la sombra
de la encina.
XVII
Encinas que no me cobijasteis,
¡cómo recuerdo vuestra sombra!
Versos que no leeré,
¡os llevo en las sombras del alma!
Amores que nunca tuve,
¡sois sombra en sueños para mis dedos!
Tu sombra para todos
que pasan a tu lado,
aunque te digan árbol
o, sin verte siquiera,
no detengan sus pasos.
II
Porque no llueve y sopla el viento
tienen polvo las encinas.
III
Qué dura para el hacha
y qué bien arde
la leña de la encina.
IV
Bajo las acacias yo.
-Me quiere, no me quiere.
Recuerdo, no recuerdo.
Olvido, olvido siempre.-
Cabe la encina tú.
-Amor. Recuerdo. Nunca olvido.-
V
¡Ah, miradme perdiendo las palabras!
Quisiera ser encina
por no perder nunca la sombra.
VI
Sabor tiene la noche de tu cuerpo
a sueño entretejido –luna, bruma-,
confiada y dormida encina dura,
enorme y detenida bajo el viento.
VII
El mundo está bien hecho. Y la tarde
no se rompe al crepúsculo. Y la vida
es un viento que crece entre tus ramas.
VIII
Sol y sombra. Silencio
para escuchar al viento
que llega por un camino de juncos
levantando gemidos verdes
y se vuelve gris en las copas
de las encinas.
IX
Redonda como un mundo
la sombra.
Densa cual universo
la encina.
X
El anciano arrastra su larga
sombra cargada de años.
La vieja encina abre su inmensa
sombra poblada de años.
XI
Y tienes en tu sombra
heridas de balas,
heridas de amor,
heridas de tiempo…
XII
La aurora ha madurado:
ya es sol de mediodía
posado sobre tus ramas.
XIII
Y es que en los días de invierno
sobre si mismas las tardes
se ovillan, se recogen, buscan el sol
y el corazón de la encina.
XIV
Sombra apenas, encina muerta.
¿Qué queda en el tronco seco,
qué hojas, savia o viento?
Sólo un nido donde espera
sorprender a la muerte tanta vida.
XV
Detrás de cada sombra, cada sueño,
cada mar, cada muerte,
cada labio perdido
hubo sol, vida, amor, la gota inerte
del rocio. Hubo besos. Hubo olvido.
XVI
Me a-
petece
buscar
la sombra
de la encina.
XVII
Encinas que no me cobijasteis,
¡cómo recuerdo vuestra sombra!
Versos que no leeré,
¡os llevo en las sombras del alma!
Amores que nunca tuve,
¡sois sombra en sueños para mis dedos!
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