sábado, 20 de junio de 2015

SONETO AL HOMBRE



A Ángel Cazorla


Quien se viste de luz y lanza al viento
consumadas palabras doloridas
como aliento vital de tantas vidas
que son al fin un mismo advenimiento.

Quien pone en un soneto el sentimiento
germinado en dolor y amanecidas
donde el tiempo reitera sacudidas,
nos cuaja la piel, rompe el aliento.

Quien lanza el verbo así, tan bien granado
cual ave luminosa en alta rama
lanza su puro canto ilusionado.

Quien canta para el hombre, al hombre clama,
deja desnudo el verso a su cuidado,
Será por siempre el Hombre. Ángel se llama.

Cornellá, 19/06/2015
Escrito con ocasión de conocer al ya buen amigo, gran poeta y mejor hombre, Ángel Cazorla.
Publicado meses después en De decires y alondras.

viernes, 19 de junio de 2015

MANERAS DE DECIR



Yo hice el mundo en mi lengua castellana
DÁMASO ALONSO

Qué milagro decir lo que está dicho,
recoger la palabra ya madura
que lucha contra el tiempo y que inaugura
nuevamente la luz a su capricho,

decir, sencillamente, en castellano,
amor, y pena, y río, y muerte, y vida,
y tierra que a su cuerpo nos convida,
bajo el eterno azul sentirse humano,

percibir como nueva cada rosa
que marchitó el ayer y puso al viento
su color y su aroma, advenimiento
y epitafio a la vez de toda cosa.

Decir de otra manera que amanece
usando las palabras y los giros
del idioma y del viento los suspiros.
Mirar como la hierba oculta crece

y el aire que la ronda se hace verso.
Demorarse en las calles del lenguaje
sabiéndonos autor y personaje,
gozar a cada paso el universo.

Por sedientos trigales, por maizales
decir con este acento o con cualquiera
brotado de la misma sementera,
tan distintos, tan ricos, tan iguales,

decir de mil maneras lo que somos,
lo que fuimos, al fin lo que seremos
y entendernos, orantes o blasfemos,
en la escena de cantos policromos.

Maneras de decir lo siempre bello,
lo eternamente nuestro, la esperanza,
al calor de la voz y su crianza
en barricas de amor, puro destello.

Maneras de poner la vida en vilo,
de robarle segundos a la muerte,
amurar contra el viento amarga suerte
oponer al vacío hiriente filo.

Maneras de ser hombre como tantos
que son y que serán y que ya han sido
en vastos territorios del olvido,
de rotos estandartes y de espantos.

Maneras de decir para otros ojos,
maneras de morir sin amargura
dejándome en la voz la dentadura
y un verso ya maduro en los rastrojos.

Me brotará un mundo de la lengua.
El río pasará sin ser el mismo,
emergerá la noche del abismo,
se borrará el día que ya mengua,

quedará mi palabra confundida
con las voces usadas que ahora escucho
oponiendo a la nada, que ya es mucho,
un reguero de sangre decidida.



Áccesit XVIII Certamen de Poesía “Amanecer Literario”, 2015
Círculo de Castilla y León de Barcelona

martes, 9 de junio de 2015

PUDE ESCRIBIR LOS VERSOS



No te escribí un poema cuando éramos felices.
Nos bastaban los versos que te leía al alba,
los versos de Salinas que mi voz te debía,
la lluvia de palabras que rociaba tu cuerpo
con besos de Neruda mojados y salinos,
enamorado polvo y requemados campos.
Nos bastaba el silencio, la sábana arrugada,
acaso la memoria mojada de la noche,
la conciencia de ser eternos y soñados.
Bien es cierto que pude al mirarte dormida
en la clara mañana con sol en los cristales
pergeñar unos versos al canto de los mirlos
besándote la frente y el pecho en claroscuro,
empero en ese instante propicio al embeleso
el poema eras tú y yo lector tan sólo.

Tentado estoy ahora, me llueven alacranes
y se oculta la luna detrás de las fachadas
inmensamente clara, serena burdamente,
¡qué gris es la ciudad y la gente que cruza
con su lenta tristeza, su burlona alegría!,
tentado de poner en la mesa el dolor
junto al vaso vacío de recuerdos y acíbar
y llorar largamente desesperado y solo
los versos que ya entonces no me atreví a escribir
o, herido y melancólico, los versos más amargos
de angustia y desamor. Tentado, pero no,
que eso ya lo hicieron, ¡qué altos!, los poetas
y yo tan sólo anhelo fundirme en su tormento,
lector al fin y al cabo de mi propia esperanza
por bibliotecas ciegas, laberintos y espejos. 
 


domingo, 31 de mayo de 2015

LA BIBLIOTECA CIEGA

(Mínimo homenaje a Borges)

Yo fustigo sin rumbo los confines
de esta alta y honda biblioteca ciega
JORGE LUIS BORGES


Todo el vasto saber está en los libros.
Existe una alta y honda biblioteca ciega que los contiene todos.
Y acrecienta día a día el fondo que nos oculta y lega.
Y se halla en ella un libro singular, un libro de arena escrito en el idioma que a cada cual le es propio.
Un libro sin principio ni fin que los contiene y nos contiene a todos.
Un libro que no veremos mientras tengamos ojos.
Lo intuyó Borges en su clara ceguera.
Y tantos otros que le siguieron o precedieron, pues es circular el tiempo,
y nos legaron libros como faros en borrascosos estantes,
cantiles de tormenta donde la palabra se agita, gira, gime,
ambicionando ojos, dedos, mentes.
Hay una alta y honda biblioteca ciega, vasta como el mar,
infinita como las lenguas que nos unen y desunen,
donde todos cabemos para soñar y recrear mundos,
intuir lo que fuimos, lo que somos, seremos, donde quedarnos ciegos
para ver lo invisible, volvernos dementes por conservarnos cuerdos.
Abrimos mundos que la razón no alcanza y la fantasía olvida,
conversamos con los ojos y somos otros,
acaso el mismo lector que se repite.

DEL LIBRO ANTOLÓGICO "POETAS EN RED" BARCELONA, 2015

INTACTA PRIMAVERA


A Felicidad

la gracia de tu rama verdecida.
ANTONIO MACHADO


Inmóvil junto al mar de tus profundos
ojos donde la tarde deja brillos
nostálgicos de auroras, oleajes
recónditos, espumas de suspiros,
singladuras de sangre, malecones,
mareas y naufragios compartidos,
miro pasar los días y los años
trenzando la guirnalda del olvido,
poniéndole memoria a la ceniza,
llenando de agujeros los bolsillos
donde el amor se lleva y la esperanza,
guardando los ocasos en el libro
- como pétalos secos, como arena-
con renglones de lluvia que escribimos.
Suave como tu piel es tu presencia
más antigua que yo junto a mi mismo,
tersa la luz que le pones al instante
cotidiano y cubierto de rocío.
Tu corazón florece nuevamente,
ilumina mi otoño y mi destino,
siemprevivas y rosas son los besos
que dejas en mis labios como vino,
como miel y ambrosía, primavera
intacta, todavía paraíso
por donde voy pecando sin remedio.

En el lagar del alma tus racimos
dieron sangre de amor para otras vidas
que prolongan las nuestras y el camino
por donde lentos vamos reverdecen,
le ponen primavera al amarillo
cansado de la tarde, colorean
sus hábitos alegres y su hechizo
los retratos en sepia, tantas noches
que pesan sobre el cuerpo encallecido.
Son la magia, mujer, que nos devuelve
a los ojos exhaustos aquel brillo
que tuvieron entonces cuando éramos
esplendor y sazón y puro ritmo,
un no vivir de tanto desearnos,
vereda abierta y cierto desatino
que ofrendan los amantes cuando tienen
la vida por delante en alarido
y el tiempo sometido a su deseo.

Pesan las cicatrices y los hijos,
pesa el viento en el árbol deshojado,
los huesos fracturados o tundidos,
la nieve acumulada en las terrazas,
los besos del recuerdo, tanto frío
en la carne y el alma, recoletas
calles de la memoria y del olvido,
pesa la luz a veces y el silencio,
la existencia nos pesa como un grito,
un ulular antiguo y postergado
que el eco repitiera por los siglos.
Pesa el amor también y el tiempo pesa.

Pero leve es la roca, es el abismo
floreciente vergel, la noche luna
cuando la primavera entra contigo
eternamente intacta, exuberante
frente al mar, junto al olmo verdecido.


XXIV CERTAMEN DE POESÍA
“EL SEMILLERO AZUL”, 2015


2º PREMIO

domingo, 8 de marzo de 2015

CAMINOS EN LA LLUVIA


Se le vio caminar...
ANTONIO MACHADO

Llueve con el dolor de siempre. Detrás de los cristales
escucho con los ojos de lluvia a mis poetas.
Los caminos se llenan de barro y de tristeza
por Soria y esta España aún tan miserable.
Segovia se recuesta sin luz contra la sierra,
suspira por Baeza la lluvia que no cesa.
Granada apaga el agua con el agua que cae,
Orihuela se anega con la lluvia y la pena.
Llueven sobre los ríos limones y poemas,
sobre los campos llueve todo el pesar que cabe
en la mano del aire y el cuenco de la piedra,
sobre el amor nos llueve como una muerte lenta,
sobre las tumbas llueve y los muertos sin aire.

Se abren los caminos como flores marchitas,
los pétalos de lluvia enmascaran fragancias,
el crimen siempre impune, la luz de la mañana.
La soledad se abre como una oscura herida
para morir de nuevo las muertes más amadas,
el horizonte cierra sus túrbidas pestañas,
nos caen sobre el rostro hirientes tiranías,
barro sin alma el polvo se aferra a las pisadas.
Sobre mojado llueve. Como una tarde ingrávida
la historia se repite. Sangrando, sin saliva,
por caminos de lluvia el verso se adelanta,
remozado, irredento, vistiendo de esperanza
los vacilantes pasos del hombre que camina.


Poema finalista en el VI Día Internacional de la Poesía de Segovia.