Yo podría amarte,
tenderme cara al cielo y recibir tus besos,
empaparme en tus caricias suaves, lentas, casi ingrávidas,
sentir la humedad de tu aliento verde,
el tibio roce milenario de tus manos innúmeras,
la magia,
el arcano cayendo blandamente
sobre las colinas,
sobre la erecta primavera de los montes,
viniendo de la bruma lejana,
desde el cielo, a confundirse con el mar,
eterno maridaje, divorcio siempre eterno.
Yo podría amarte,
abrir mis labios y recibir tu lengua
larga, ondulante,
en ráfagas de ortigas,
sentir, húmedas, fértiles, tus manos en mi frente,
colgar tu diadema de perlas en mi pelo,
abrazarte podría sintiendo como escapas y quedas prisionera,
yo podría amarte cuando vienes a mí
oh fugitiva mecida por el viento,
amorosa virgen procreadora de vida,
de la inmensa vida que corre bajo mis pies,
me rodea y me admite en su coro de voces.
Yo podría amarte
oh lluvia de Galicia cayendo rumorosa
sobre mi traje caqui,
el traje que encima me echaron
como se hecha una cuerda al alazán del monte
o al descuidado cordero
para el banquete de Pascua predestinado,
como el nombre mío, la religión, la patria,
como el arado al buey,
como la mortaja al viento.
Oh, si, podría amarte, lluvia, sí,
si libre cayeras sobre mi corazón.
MOUGA (La Coruña), 1979
sábado, 30 de marzo de 2013
miércoles, 6 de marzo de 2013
ROJO SOBRE BLANCO
Escribir un poema desangra gota a gota
(Pablo
le Riverend)
En el blanco papel de la mañana
dejo la tinta roja de mis versos
y estallan jubilosos universos
cuando no la tristeza más humana.
Desde la sangre escribo dolorida.
Por las venas abiertas os entrego
mi luz, mi viento. Un rojo río os
lego
con palabras de sangre compartida.
Es la sangre que viene desde
antiguo,
del primer balbuceo del idioma,
del silencio, del rezo, del aroma
que ensalza para siempre un don
exiguo.
¡Oh, mínima expresión, un roce
apenas,
origen de la lengua, de esta herida
que a borbotones deja tanta vida
sobre el blanco papel de negras
penas!
¡Oh, verbo castellano, modelado
con la sangre de tantos corazones!
¡Palabras de raras gemaciones
por ribazos del verso enamorado!
¡Oh, voces detenidas un momento
por hablar de la muerte y de los
ríos,
del polvo y de la mar, de
labrantíos
y lunas, y -¡ay!- de amor y verde
viento!
¡Oh, versos que quedaron por
Granada
huérfanos de su voz, de su alegría,
de luz que Federico se decía
y se nubló en la tarde derramada!
¡Soledad del poeta en otro suelo
y en la cárcel más negra de su
tierra!
Desterrados los versos no se cierra
esta sima crüel del desconsuelo.
Escribir un poema es darle al
llanto
libertad, darle al fuego un árbol
verde,
al mar darle un velero que
recuerde,
varado, el viento azul, el roto
canto
de los poetas muertos sin remedio.
Es levantar la sangre asesinada
por la calle de olvido adoquinada.
Romper el toro gris de lento tedio.
Y sangrar, y sangrar, sangrar a muerte
por las yemas sin alma de los dedos
y la oscura ribera de los miedos
mientras la luna mira y se
divierte.
Apurando la sangre con que sangro,
abro mi soledad en esta entrega,
en esta llaga amiga y nocherniega:
abro mi corazón y me desangro.
Por las venas abiertas os entrego
el legado del verso que recibo
esperando, desnudo, el decisivo
momento de entregar mi vida al
fuego.
Jesús Andrés Pico Rebollo
Poema
galardonado con el Primer Premio en el XXVII Certamen Literario
Federico
García Lorca, 2008, del Centro Cultural García Lorca AA, de
Nou
Barris, Barcelona, fallado el 14-06-2008.
domingo, 1 de abril de 2012
LECTOR
Para bañarme en tus ojos
tengo que apartar la tierra
que me impide ver el mar
y nadar entre tus venas.
He de sacudir el polvo
de tantos muertos poemas
para bañarme en tus ojos,
ancho mar de tu tormenta,
para bañarme en tus ojos
y ser sombra de tus cejas.
Mi mano es un estilete
escindiendo niebla densa,
mi voz, cereal y tamo
que el viento de agosto aventa.
Soy esa nube que da
sombra a tus huellas,
en mi elevado silencio
oigo tus pasos de arena.
Puedo hacer saltar el rayo
que penetre por tus cuencas.
Búscame por los rincones
donde la palabra sienta.
Sólo tú puedes leer
sin ojos estos poemas
sobre la tumba del tiempo,
sólo tú, por tus veredas
domingo, 4 de diciembre de 2011
TIEMPO DE SOL Y DE CEREZAS
No tornarán las aldabas de tu pelo
a repicar en la puerta de la tarde
ni copiarán los labios de las fuentes
la onda cristalina de tus besos.
Los ojos que reían se secaron
y el río ya conoce su final.
No mirarás la frente de la luna
que engaña cada noche con robado
fulgor a las parejas y a los niños
ni volverán tus pasos a sonar
en la estancia que muda se recoge
en el solar oscuro del olvido.
No volverán las nubes a pintar
caballos galopando hacia el ocaso
por tus ojos inmensos y oceánicos,
no volverán las palabras a ser niñas
ni tus senos en flor a descubrir
el tacto de la lluvia estremecida,
no volverán los trenes que reían
en andenes de nieve y de carbón
a transportar su carga de ilusiones
ni agitarán tus manos tibias brasas
en el hogar marchito donde duerme,
vuelto ya luna, el sol de las cerezas.
Se amontonan, monótonos, los días;
de descansar cansadas son las noches
un armazón de sombras y recuerdos;
orla de telarañas los rincones
el tiempo lentamente detenido
como convoy de nostalgias, como un aire
lamiendo largamente las esquinas.
Y el amor que fue fuego, que gritaba,
que fue nieve cuajando despaciosa,
que fue piel de luz, perfil del viento
ha aprendido a callar entre las sombras,
ha aprendido a llenar estos vacíos
que dejan los cadáveres de las rosas
con miradas perdidas y cenizas,
y un punto, casi ajeno, de añoranza.
Es otoño y el viento se nos lleva
las hojas de la vida. Caen nidos
para deshabitarnos más y entristecernos
tras las ramas sin luz de las ventanas.
Sólo el silencio queda, la mirada
para decir amor, el suave tacto
de tu mano cansada en mi mano
tan cansada también, pero aún oliendo
a membrillo y lavanda entre la ropa
que el corazón aún guarda como un oro
en la memoria lenta de la tarde.
No volverán…, más ya que nos importa,
si todo lo vivimos o soñamos
en la alegre mañana adolescente
donde el día forjaba sus silencios
entre el aire y la luz, y era la vida
ese tiempo de sol y de cerezas
que sin saber amar nos concedimos.
3er. Premio en el II Certamen de Poesía "Antonio Hernández Salinas", ARCA, Rubí (Barcelona)
domingo, 26 de junio de 2011
ROMANCE MARINERO DE CASTILLA
En rebaño de nubes surcan mares
desdeñosos de azul y lejanía
bajeles con las velas desplegadas,
incendiadas barcazas se aproximan
al rojo acantilado del ocaso
donde una tarde más naufraga el día,
ufano es sus mareas es el cielo
un negro cobertor que el frío habita,
dormidas en su fuego las estrellas
sueñan voces remotas de vigías
y oscurece, sereno y apacible,
el mar, todo de tierra, de Castilla.
Amanece. Altos mástiles de chopos
emergen de las sombras y se agitan
en un temblor de espumas los sembrados,
vestidas de gorriones la alegría
sondean con sus picos mil gaviotas,
marinos de labranza al cielo miran
con el mismo mirar de sus ancestros
temiendo la tormenta o la sequía.
A falta de otro mar el sol se rompe
en aguas limitadas por orillas
y cantan, despertando de su sueño,
grumetes embarcados de por vida
en la dura tarea de ser hombres
arrojando su infancia por la quilla.
Sirenas imposibles se revelan
en las frondas que emergen como islas
entre estelas de surcos levantados
apenas por el beso de la brisa.
Otean en sus cofas las cigüeñas
prestas para gritar: “mar a la vista”
y una flota de sueños se guarece
en puertos flanqueados por encinas.
Las lentas parameras me contemplan
surcando el horizonte oscurecidas.
Yo traigo singladuras en los ojos,
naufragios, tempestades, travesías
y, de tanto remar, rotos los brazos,
el alma rota, intacta la sonrisa.
Avanzan los recuerdos su oleaje
sobre los pecios tristes de caliza,
¡qué armadas invencibles navegaron
estos mares de olvido, tan altivas!,
¡qué océanos remotos apuntaban
mascarones de sueños y conquistas!
Quiméricos marinos arrogantes
que sin saber nadar arremetían,
por ganar otros mundos, altas olas,
con el viento sin luz por las crujías
ocultan sus naufragios bajo tierra,
en la memoria en sombra de la vida
donde dejó el arado rectos rumbos
y un ensueño de luz y golondrinas.
Castilla marinera aún aguarda
con las vegas abiertas cual sentinas
el candeal piloto que gobierne
su derrota, su rumbo y su deriva.
desdeñosos de azul y lejanía
bajeles con las velas desplegadas,
incendiadas barcazas se aproximan
al rojo acantilado del ocaso
donde una tarde más naufraga el día,
ufano es sus mareas es el cielo
un negro cobertor que el frío habita,
dormidas en su fuego las estrellas
sueñan voces remotas de vigías
y oscurece, sereno y apacible,
el mar, todo de tierra, de Castilla.
Amanece. Altos mástiles de chopos
emergen de las sombras y se agitan
en un temblor de espumas los sembrados,
vestidas de gorriones la alegría
sondean con sus picos mil gaviotas,
marinos de labranza al cielo miran
con el mismo mirar de sus ancestros
temiendo la tormenta o la sequía.
A falta de otro mar el sol se rompe
en aguas limitadas por orillas
y cantan, despertando de su sueño,
grumetes embarcados de por vida
en la dura tarea de ser hombres
arrojando su infancia por la quilla.
Sirenas imposibles se revelan
en las frondas que emergen como islas
entre estelas de surcos levantados
apenas por el beso de la brisa.
Otean en sus cofas las cigüeñas
prestas para gritar: “mar a la vista”
y una flota de sueños se guarece
en puertos flanqueados por encinas.
Las lentas parameras me contemplan
surcando el horizonte oscurecidas.
Yo traigo singladuras en los ojos,
naufragios, tempestades, travesías
y, de tanto remar, rotos los brazos,
el alma rota, intacta la sonrisa.
Avanzan los recuerdos su oleaje
sobre los pecios tristes de caliza,
¡qué armadas invencibles navegaron
estos mares de olvido, tan altivas!,
¡qué océanos remotos apuntaban
mascarones de sueños y conquistas!
Quiméricos marinos arrogantes
que sin saber nadar arremetían,
por ganar otros mundos, altas olas,
con el viento sin luz por las crujías
ocultan sus naufragios bajo tierra,
en la memoria en sombra de la vida
donde dejó el arado rectos rumbos
y un ensueño de luz y golondrinas.
Castilla marinera aún aguarda
con las vegas abiertas cual sentinas
el candeal piloto que gobierne
su derrota, su rumbo y su deriva.
miércoles, 18 de mayo de 2011
sábado, 30 de abril de 2011
COMO UN HOMBRE SIN MÁS
(para recordar a José Antonio como él querría)
Recuérdame,
como un árbol caído,
como un pájaro herido,
como un hombre sin más.
(José Antonio Labordeta)
Como se van las tardes y los hombres,
las canciones se van, se van los versos
y nos dejan pequeños universos,
y en un tronco grabados viejos nombres,
perentoria memoria de la tierra
que pisaron un día y que tú pisas,
memoria del pasar forjando brisas
caricias para el rostro y la alta sierra,
memoria del pasar rompiendo el lodo
que cobija los siglos y los muertos,
como un jardín regado y tantos huertos
donde busca el recuerdo su acomodo,
memoria de una sed y de un paisaje
terriblemente duro y solitario,
pedregales y ontinas, sedentario
dominio del pesar y del coraje,
memoria de un adiós que ha sido impuesto
por una historia triste que atenaza
al hombre de estos pagos y amenaza
con un estrafalario, adusto gesto
mientras pasa y se rompe el horizonte
cada vez más lejano y más amargo
sumido para siempre en el letargo
de la tarde parada sobre el monte,
memoria de una tierra abandonada
porque el pan está lejos y la vida
se arrebuja entre brasas consumida
como fruta en agraz nunca granada,
memoria, sí, de pájaros heridos,
banderas rotas, rotos campanarios,
sabinas arrumbadas y precarios
hogares con carbones encendidos,
memoria del poeta, del paisano
que, como yo, tú has visto por las ondas,
caminante entrañable hasta las hondas
entrañas del país, mochila en mano,
memoria de esa voz recia en la albada
cercana al corazón de tan tremenda
gritando libertad por toda hacienda,
como única verdad enarbolada,
memoria del vivir de cada día,
de un beduino extraviado y callejero
que dijo su verdad y fue certero
como el sol implacable que seguía,
recuerdo avaricioso del amigo,
del vecino, del hombre, compañero
ya tuyo, mío ya, ya por entero,
que un gris amanecer llevó consigo.
Como se van los días y los sueños
se nos van los poetas; nos quedamos
más vacíos, más solos, como ramos
inclinados al viento y sus empeños.
Rebrota con su sangre un viejo olivo
y su verso se curva como el viento,
y es la mañana azul asentimiento
de su paso fugaz y genitivo,
porque aunque se van, no están ausentes,
que son tierra y canción, lo que nombraron
son, son la voz y luz que nos legaron,
el agua transparente de las fuentes,
Y quedan las palabras de su boca
escritas para siempre en la memoria
de los hombres, del tiempo y de la historia,
del céfiro, del río y de la roca.
Y queda lo que fueron: sólo hombres,
hombres sin más, sin más para la fama
que saberse el papel, la fina trama
representada al fin en los pronombres.
1er. Premio en el 14 Certamen poètic de Badia del Vallès, 2011
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