lunes, 17 de agosto de 2020

DOS RÍOS, UN AMOR


      Granada. Lavanderas en el río Darro por debajo del antiguo puente del Carbón (S. Colman, segunda mitad del XIX)


DARRO

 

Amarnos en Granada es amarnos en el agua

de la historia, llegar más allá

de la mirada ciega de tanta belleza,

tendernos en el tiempo,

en la tumba del tiempo,

como claros amantes yacentes

sobre el mármol y los libros.

Amar es vencer a la muerte,

derramarse en agua para vivir

en los jardines antiguos y mojados

como en una historia ajena.

Nos amamos en la ciudad moruna

con el llanto en las pupilas

y un rumor de sedas cayendo como agua.

Nos amamos hasta morir

de belleza y misterio

como se muere en un poema.

Estamos en Granada, en su Granada,

y el Darro llora.

 

 

 

                   El río Turia a su paso por Teruel con el seminario a la izquierda

 

 

TURIA

 

Remontaremos el cauce, amor,

Teruel también existe,

seremos Guadalaviar y Alfambra,

Isabel y Juan seremos

con mármol y mar en la mirada.


De "Los nombres del agua", Premio "Amantes de Teruel", 2020




(Imágenes tomadas de la red)



viernes, 31 de julio de 2020

José Luis Puerto, memoria del jardín

A José Luis Puerto le conocí en la primavera del 74 o 75. Yo tendría 17 o 18 años y él 21 o 22. Fue en  Salamanca, donde el albercano estudiaba filología. Su hermano Juan Pablo era compañero de estudios en Valladolid y estábamos de paso por la ciudad del Tormes aprovechando un largo fin de semana. José Luis ya escribía y desarrollaba alguna labor en Zero-Zyx, la emblemática editorial de caire popular, militante y antifranquista. Hablamos a solas durante largo rato. Me recomendó lecturas y me animó a escribir si realmente sentía que era mi vocación, aunque una carrera de ciencias, que es lo que pensaba estudiar, no pareciera un camino adecuado para ello. No he vuelto a verlo. Cuando estuve en La Alberca no coincidimos. He sabido de su trayectoria poética y alguna vez estuvinos en contacto por mail. De su obra tengo solamente el volumen de la colección Adonais "Un jardín al olvido", editado en 1987. De este libro son los dos poemas que siguen.




 Un jardín al olvido

Era un tiempo de brezos con aromas de esquilas

Y un rumor amarillo del heno en los sobrados.

Las fuentes derramaban monótona salmodia

Y los labios su pura transparencia gustaban.

El recuerdo nacía de las macetas vírgenes

Con flores y fragancias y pétalos sin nombre.

Era un secreto espacio: soportales, rincones,

Celosías de sueño y esculpidos en sombra

Los ojos aurorales que la vida miraran.

Las manos esparcían semillas en la tierra

Y en los muros dormían recogidos los granos

En espera de soles que a la luz los abrieran.

Era una senda virgen llena de abecedarios

Secretos que en la tarde desgranaba la brisa

Y en las enciclopedias anidaban saberes

Que aprendían los niños con tonos de nostalgia.

Y los pobres vencejos coronaban de ausencia

Las gráciles campanas que tañeran al ángelus.

Era un tiempo de piedras en tristeza labradas

Y la lluvia ascendía lenta por la memoria

Humedeciendo el débil corazón de las horas

Mientras en las alcobas el amor dormitaba.

Tiempo, espacio, sendero, ¿a qué jardín conduces?

¿Dónde la llave virgen que nos abra tus rosas?

Era un jardín sin tiempo, sin dolor, sin memoria,

La inocencia brotaba en las ramas de un árbol

Que tuviera en la sangre sus raíces más hondas

Y las flores sagradas de la niñez perdida

Formaron los aromas de un secreto jardín,

Un jardín sin retorno,

un jardín al olvido.



La ropa tendida

Subid, subid a los terrados,

Asomaos a aquellos cortinales,

Mirad la ropa

Tendida a la mañana, a la luz de noviembre,

A un delicado sol que acaricia las telas.

Fijaos cómo el aire orea los tejidos,

Cómo en ondas los mueve

En sutiles vaivenes, cómo diluye el agua

Su líquida presencia.

Ved esa algarabía de gozosos

Colores

Que lanzan al espacio saludos naturales.

¿Quién durmió en esas sábanas de lino?

¿Quién la camisa limpia

Ensució con el vino, con la cálida grasa

Del cocido diario?

Tienen los calcetines nostalgia de unos pies,

Del calor de las botas

Que abrigan sus dibujos. El alambre

Cómo acoge la ropa,

Con qué fervor la mece en la clara mañana,

Cómo al aire la expone y la duerme en susurros.

¿Y las mujeres tendiendo sus barreños

En los balcones, en las azoteas?

Cómo colocan amorosamente

Los pañales del niño

Y acarician las telas

Con los escuetos labios de las pinzas;

Cómo redimen la rutina en estas

Cotidianas tareas.

Mirad, mirad la ropa,

Ved cómo con siseos nos saludan sus pliegues

Sintiendo

Cariñosa nostalgia

De nuestro cuerpo, nuestra piel, de nuestras formas.

¿Qué de nosotros está puesto a secar?

¿De cuál de nuestras telas

Hemos lavado las manchas del desánimo

Frotándoles el limpio

Jabón de la inocencia?

¿En qué alambre se orean nuestros oscuros linos

Hasta alcanzar al viento

Su perdida pureza?













jueves, 23 de julio de 2020

LOS ARRIBES DEL DUERO



Hubo de ser tu agua, mujer,

el agua que me diste para llegar al mar,

surcada la piel por la brisa de los besos

y un recuerdo de álamos temblando en los meandros,

hubo de ser tu agua la que calmara

la venturosa sed de mi pasado.

Tus piernas altas y el agua al fondo,

agua para navegar la dicha, frontera

del amor como una dentadura, agua

separada, agua junta entre muslos de piedra

que acaricia la vista émula de águilas

mientras la mano aparta suaves líquenes

de tiempo remansado. Mirar al Duero

en este punto es recordar los barcos

de papel navegando con poemas

que aún no sabían amar y que bajaron

por aquí en remotas tardes de infancia

y otros amores o rumor de agua pasando,

es abrazar tu cuerpo y ver con los mismos ojos

la profundidad del deseo,       

llegar al fondo recóndito de la vida

con la única asistencia de los labios,

la lengua y la sed de poseerte

como se tiene y se goza un río.

Es contemplar Urbión entre los pliegues

geológicos de tu piel y decirte quedo:       

Dame tu agua, mujer, que voy al mar.


De "Los nombres del agua", Premio "Amantes de Teruel", 2020

(Imagen, Miranda do Douro, tomada de la red)

sábado, 20 de junio de 2020

JRJ, antolojía jeneral de un jinete sobre el algodón de la nostaljia

 

 De Juan Ramón, creo haberlo dicho, tuve noticia por Platero y algunos capítulos de esta elejía andaluza desperdigados por los libros de texto. Conservo una edición de Losada en reimpresión de 1952 con ilustraciones de Attilio Rossi, regalo de mi herma, y otra posterior que usó alguno de mis hijos.  Nueva antolojía poética, del 74, también de Losada, fue de los primeros libros que adquirí para embeleso del joven poeta rendido a la musicalidad de los versos del de Moguer, sobre todo los de su primera etapa que leía una y otra vez, pasando de puntillas por los escritos en su exilio americano. A Juan Ramón Jiménez le concedieron el Nobel en 1956, año en que en España nacíamos la televisión y yo.

De su ingente obra poética dejo aquí cuatro pinceladas:


ADOLESCENCIA

En el balcón, un instante
nos quedamos los dos solos.
Desde la dulce mañana
de aquel día, éramos novios.
-El paisaje soñoliento
dormía sus vagos tonos,
bajo el cielo gris y rosa
del crepúsculo de otoño.-
Le dije que iba a besarla;
bajó, serena, los ojos
y me ofreció sus mejillas,
como quien pierde un tesoro.
-Caían las hojas muertas,
en el jardín silencioso,
y en el aire erraba aún
un perfume de heliotropos.-

No se atrevía a mirarme;
le dije que éramos novios,
...y las lágrimas rodaron
de sus ojos melancólicos

(Primeras poesías, 1898-1902)

 

 

MANOS

¡Ay, tus manos cargadas de rosas! Son más puras
tus manos que las rosas. Y entre las hojas blancas
surgen lo mismo que pedazos de luceros,
que alas de mariposas albas, que sedas cándidas.

¿Se te cayeron de la luna? ¿Juguetearon
en una primavera celeste? ¿Son de alma?
...Tienen esplendor vago de lirios de otro mundo;
deslumbran lo que sueñan, refrescan lo que cantan.

Mi frente se serena, como un cielo de tarde,
cuando tú con tus manos entre sus nubes andas;
si las beso, la púrpura de brasa de mi boca
empalidece de su blancor de piedra de agua.

¡Tus manos entre sueños! Atraviesan, palomas
de fuego blanco, por mis pesadillas malas,
y, a la aurora me abren, como son luz de ti,
la claridad suave de oriente de plata.

          (Laberinto, 1910-1911) 




                  OCTUBRE


Estaba echado yo en la tierra, enfrente
del infinito campo de Castilla,
que el otoño envolvía en la amarilla
dulzura de su claro sol poniente.

Lento, el arado, paralelamente,
abría el haza oscura y la sencilla
mano abierta dejaba la semilla
en su entraña partida honradamente.

Pensé arrancarme el corazón y echarlo,
pleno de su sentir alto y profundo,
al ancho surco del terruño tierno,

a ver si con partirlo y con sembrarlo
la primavera le mostraba al mundo
el árbol puro del amor eterno.

             (Sonetos espirituales, 1914-1915)

 

 ¡INTELIJENCIA, dame

el nombre exacto de las cosas!
…Que mi palabra sea
la cosa misma,
creada por mi alma nuevamente.
Que por mí vayan todos
los que no las conocen, a las cosas;
que por mí vayan todos
los que ya las olvidan, a las cosas;
que por mí vayan todos
los mismos que las aman, a las cosas…
¡Intelijencia, dame
el nombre exacto, y tuyo,
y suyo, y mío, de las cosas!
 

(Eternidades, 1916-1917)






 


jueves, 11 de junio de 2020

ESPAÑA VUELTA Y VUELTA


Yo hice el mundo en mi lengua castellana

DÁMASO ALONSO

                  

Vuelta y vuelta ofrezco España dorada en la parrilla de sol mediterráneo,

asada a fuego lento de siglos y culturas,

manjar heterodoxo gratinado en hornos de la más estricta ortodoxia.

Si Dámaso hizo el mundo en su lengua castellana,

hago yo Españas en fogones heredados con duelos y quebrantos,

en sartenes que dan ritmo a las canciones antiguas de mi tierra,

con guisados y arroces que ponen en su punto el habla singular

de gentes diferentes, pueblos y comarcas, regiones y países masticando en común,

en brasas ancestrales guardianas del saber más innato y remoto,

con la alegría del vino que corre por riberas, laderas y secanos,

en las arrugadas cenizas del Teide y el cóctel tramontano del mar y la montaña,

con el oro milenario de los olivos y el blanco aroma de las naranjas,

en el fin de la tierra y los montes que extienden su mirada impoluta,

con asados castellanos y migas manchegamente humildes,

en ollas y paellas que antes fueron cóncavas piedras gritándole a la noche,

con caldos y potajes, jamones y tasajo rebanados por Sanchos y por Fierros,

en planchas y encimeras que hunden sus raíces en antiguas cocinas,

con marisco del norte, anchoas y sardinas y ese pescadito frito de las playas del sur,

en fondas y mesones vestidos de diario,

con palabras escabechadas, ahumadas, curadas en la sierra,

recogidas en redes del agua que nos lleva,

en maizales, macondos, manglares y comalas,

con la salsa de América, su llanura infinita y su espina dorsal,

en los mares de plata y las islas más negras,

con patatas, tomates, aguacates y piñas, mangos y bananas, un habano y café,

en cenáculos, paraninfos y plazas, restaurantes al fin de los cuerpos y el alma,

con la sal del idioma y variadas especias que atesoran los libros

en la alacena inmensa que alberga lo español.


Vuelta y vuelta, las Españas, mi España, sobremesa, la siesta…

Y que el sueño repare la mala digestión.



jueves, 4 de junio de 2020

EL ÚLTIMO NAVÍO (tres poemas a Antonio Machado)


 EL ÚLTIMO NAVÍO

Y esté al partir la nave que nunca ha de tornar

ANTONIO MACHADO

 

Partirá el último navío

y habrá un llanto de olas

y gemir de caracolas

y los pañuelos de espuma dirán su adiós eterno y mío.

 

Partirá la nave sin rumbo alguno

y los marinos sangrarán corales

y les ofrecerá un lecho de algas con huríes abisales

Neptuno.

 

Habrá un canto de sirena

embriagador y metálico, dulce y duro,

tendrán las aguas su azul más puro

y el atolón nimbará del marino la altivez morena.

 

Y sabrán de La Atlántida el secreto

y el mundo del silencio les dirá al oído

los suspiros del mar cuando está dormido

y descubrirán porque aceptaron de las aguas el reto.

 

Tú partiste herido y solo, casi desnudo,

como tantos otros por el tormentoso acantilado hispano.

Mas la vida sigue y al arcano

mar donde moráis sin miedo acudo.

 De “Las manos en el río”


ANTONIO MACHADO

 

¡El muro blanco y el ciprés erguido!

Y Leonor dormida junto al Duero,

y tú, en otro suelo cobijado,

y yo, en otro tiempo y otra tierra.

 

Andaluz de Castilla pura y fría,

filósofo del pueblo, caminante,

poeta de mi lengua desatada,

voy a soñar contigo un sueño eterno.

 

A la sombra de un olmo ya imposible,

una lánguida tarde cenicienta

me puse a meditar con tus palabras.

 

El tiempo me clavaba su aguijón

tendido junto al mar que surcan naves.

Y dormida, de mar a mar, España.

 De “Poemas para barcos de papel. Homenaje”



Heme aquí ya profesor

       Antonio Machado

Ardua labor enseñar

a vivir cuando la vida

se resiste a ser vivida

ya en los confines del mar,

navegar cuando la nave

desarbolada se sabe.

Lengua viva de las olas

para enseñar tempestades,

caminos que son verdades,

polvorientas barcarolas.


De "Décimas de fiebre", inédito



ANTONIO MACHADO, andaluz de Castilla


Campos de Castilla fue uno de los tres primeros libros de poemas que compré o me compraron. Los poemas de Antonio Machado calaron en la tierra labrada de donde brotaría mi cosecha lírica. Castilla era un tema recurrente en los círculos vallisoletanos de entonces y la Castilla machadiana, quizás porque el Duero y la carretera acercaban las estampas de Soria hasta los pinos y las eras de mi infancia, me llegaba muy adentro. Años más tarde adquiriría las Poesías completas de la colección Austral. 
Dicen que la de Machado es una de las más claras influencias de la poesía que he escrito y publicado. Verdaderamente mi afinidad con el sevillano ha sido grande, reconozco su magisterio y su ascendiente sobre mí. Los primeros versos que escribí tomaron la forma de sus Provervios y cantares, aunque la Castilla que canté después difiere mucho de la suya, quizás porque Soria y Segovia también son distintas a Valladolid. Pero, ya digo, no voy a negar su ascendencia y mi devoción. 
Por ello es el primer poeta que traigo a esta sección recién inaugurada.    
Cualquier poema de Antonio es sobradamente conocido a poco que uno se interese por la poesía, lo cual  también representa un escollo a la hora de elegir, aunque nunca está de más releer a los clásicos. Finalmente me decido por Inventario galante y el segundo de los sonetos a Guiomar.   



INVENTARIO GALANTE

Tus ojos me recuerdan
las noches de verano
negras noches sin luna,
orilla al mar salado,
y el chispear de estrellas
del cielo negro y bajo.
Tus ojos me recuerdan
las noches de verano.
Y tu morena carne,
los trigos requemados,
y el suspirar de fuego
de los maduros campos.

Tu hermana es clara y débil
como los juncos lánguidos,
como los sauces tristes,
como los linos glaucos.
Tu hermana es un lucero
en el azul lejano...
Y es alba y aura fría
sobre los pobres álamos
que en las orillas tiemblan
del río humilde y manso.
Tu hermana es un lucero
en el azul lejano.

De tu morena gracia,
de tu soñar gitano,
de tu mirar de sombra
quiero llenar mi vaso.
Me embriagaré una noche
de cielo negro y bajo,
para cantar contigo,
orilla al mar salado,
una canción que deje
cenizas en los labios...
De tu mirar de sombra
quiero llenar mi vaso.

Para tu linda hermana
arrancaré los ramos
de florecillas nuevas
a los almendros blancos,
en un tranquilo y triste
alborear de marzo.
Los regaré con agua
de los arroyos claros,
los ataré con verdes
junquillos del remanso...
Para tu linda hermana
yo haré un ramito blanco.

(Soledades)

Paco Ibáñez le puso música. Escúchalo.

Estatua de Antonio Machado en Segovia
(de mi cosecha)


De mar a mar entre los dos la guerra,
más honda que la mar. En mi parterre,
miro a la mar que el horizonte cierra.
Tú, asomada, Guiomar, a un finisterre,

miras hacia otro mar, la mar de España
que Camoens cantara, tenebrosa.
Acaso a ti mi ausencia te acompaña.
A mí me duele tu recuerdo, diosa.

La guerra dio al amor el tajo fuerte.
Y es la total angustia de la muerte,
con la sombra iracunda de tu llama

y la soñada miel de amor tardío,
y la flor imposible de la rama
que ha sentido del hacha el corte frío. 

(Nuevas canciones)

En el otoño de 2019, en Madrid, el buen amigo, periodista y escritor  Félix Maraña me presentó a la nieta de Pilar de Valderrama y al darle la mano sentí la mano de Antonio en el corazón.